Columna #1
Escrito por: Royptil
Definitivamente no hay nada más imponente que una hoja en blanco y esto ocurre en cualquiera que sea el proyecto, ya sea elaborar un diseño para el recinto de un espécimen, la remodelación del mismo, iniciar un dibujo a lápiz, grafito o carbón, a los que cariñosamente llamo “art attack”, cualquier proyecto que implique una hoja en blanco absorbe mi atención, pueden ser minutos, horas o días pero la idea ronda en mi cabeza, sé que es un proyecto que realizaré y enfoco toda mi energía en reunir los materiales y el espacio para ello, pero justo antes de la primera línea, del primer trazo, de la primera letra, la primer pincelada, siempre redundas en tu forma de tomar el lápiz, la pluma o el pincel, en qué letra o palabra elegir sean las adecuadas. Cualquiera que sea el proyecto oscilas, buscas, las ideas van, vienen, chocan, se interponen y se sobreponen, todas parecen excepcionales y absurdas al mismo tiempo.
Soy Royptil, médico veterinario de profesión. Durante los últimos 20 años de mi carrera me he dedicado a la clínica, consulta, nutrición, medicina preventiva y manejo de especies exóticas, así como a la atención de mascotas no convencionales, todas aquellas especies animales que no son domesticas son de mi interés clínico, desde su biología, distribución, nutrición, conducta, necesidades metabólicas hasta su salud en general.
Esta afición inició desde muy temprana edad, crecí en el norte del país, en el estado de Sonora, de padre sinaloense y madre sonorense. Nacido en la sierra del gran estad árido del norte, en los pueblos del río Sonora donde mitos y leyendas rondan a todas las especies animales, muchos de ellos muy graciosos y otros cuantos resultan nocivos para las especies endémicas de nuestro país. En este sentido, casi siempre los reptiles resultan ser los más afectados, de ellos iremos hablando más adelante en esta columna. Nada llamaba más mi atención que el misticismo de aquellas leyendas, de aquellos mitos, de aquellas historias de los adultos. Hubo muchas razones para mi inclinación hacia la clínica veterinaria pero no dirigido a las vacas, a los caballos, o hacia los perros, en ese momento yo llamaba a los causantes de mi admiración “los animales del monte” esos ocupaban mi atención.
Mi padre fue definitivamente una gran influencia, de alguna forma era un gran conocedor de la fauna silvestre y muy respetuoso de la misma, casi siempre desmitificaba las leyendas y los dichos de los pueblos, me hablaba de sus realidades, me atrapaba el misterio de muchas de ellas, no todas eran burdas o malas, había en realidad muchas muy buenas. Cómo no recordarnos sentados alrededor de una fogata en una noche sin luna, escuchando una historia de mi abuelo materno “mi tata”, como le llamo con cariño, sentados viendo las estrellas y en ese momento me hablo de la vía láctea, en su lenguaje rural, empezó a contarme leyendas, mitos de antaño, que casi nadie recuerda, que muy pocos mencionan, mitos que se van olvidando con los viejos tiempos, que se van perdiendo con la tecnología, con la modernidad, con las cosas que hoy son atractivas para las nuevas generaciones. Me contó sobre el Santiaguillo que es una especie de fantasma, pero después empezó a hablar de un ser aún más místico que eso, más misterioso que la noche, era un felino enorme de una inteligencia magnifica que en las noches oscuras sin luna cuando el cielo estaba completamente estrellado, se podía escuchar emitiendo a los lejos un silbido, aseguraban también que lloraba como un bebé llamando la atención de los lugareños los cuales, intrigados, buscaban encontrar a esa criatura que lloraba en medio de la nada, ir en su auxilio. Otros juraban que eran “cosas del diablo” pero argumentando que muchas veces se sentían observados por ese gato el cual jamás te dejaba verlo, no podías encontrar uno que estuviera distraído, no podías sorprenderlos porque ellos te olían y te veían desde kilómetros de distancia, con una perfecta visión nocturna.
Los lugareños solo alcanzaban a vislumbrar siluetas de este gato, aseguraban que medían más de un metro, que sus piernas eran largas, unos decían que eran blancos con manchas negras, otros decían que eran del color de las hojas y otros aseguraban que este gato era totalmente gris. Había muchos mitos, pero todos mencionaban que era un felino con una cabeza muy pequeña y una cola muy larga que le daba una agilidad sobrenatural, en lo que todos coincidían es que el objetivo de este felino era robarse a los niños por la noche, este gato místico, misterioso es la onza.
Este tipo de historias eran las que se nos contaban alrededor de la fogata, no faltaba algún adulto bromista que se levantara y empezara a silbar entre las sombras de la noche, después de haberse terminado el relato, o alguien empezaba a llorar a lo lejos, a los 8 años eso te marca, no se te olvidaba nunca, yo lo sigo recordando, sin embargo, en realidad la onza (Puma yagouaroundi) es uno de nuestros 6 felinos mexicanos, se distribuye de norte a sur del territorio del país y es apenas del tamaño de un gato doméstico, llegando a pesar hasta 4 kilos y escasos 60 cm de longitud. Efectivamente es de cabeza muy pequeña, y cola sumamente larga y como decía mi tata es muy difícil de ver, realmente siempre es muy tímido y escurridizo, permanece la mayor parte del día oculto, siendo de hábitos crepusculares, rara vez lo verás. La onza o el Yaguarundi, en la zona del norte del país, tiende a ser de un color grisáceo.
En campo se pueden encontrar huellas o excretas, pero muy difícilmente podrás ver una onza en vivo. Últimamente con la tecnología los biólogos de campo colocan cámaras trampa en los senderos previamente identificados, en los territorios de caza o en bebederos, incluso en sus descansos y son sorprendidos por un flashazo nocturno siendo esta la forma en que pueden ser estudiadas, ubicarlas, cuantificarlas, saber sobre la salud de sus poblaciones.
Orgullosamente desde Sonora, Sinaloa y hasta Chiapas podemos encontrar poblaciones de onza, entre más al sur tiende a ser ligeramente más grandes y rojizas, es una especie en peligro de extinción, dentro de la NOM-059-SEMARNAT-2010, que forma parte de la riqueza de nuestro estado, con abundancia de vegetación, en especies animales de mamíferos, reptiles, aves, peces, etc.
Esos mitos que servían para asustar a los niños o para tenerlos atrapados en una conversación, que se llevaban a cabo cerca de la milpa en el emblemático estado de Sonora, sembró en mí el interés por los llamados “animales del monte”, por la fauna silvestre; así me pasé de la onza a la víbora de cascabel, a la zorra, al cuervo, al mapache, al coatí, al tejón y cada día aprendía una de especie nueva, aprendí de ellas de una forma mística, de la cual mi padre y mi tata se encargaban de enseñarme los rasgos biológicos y mágicos de las especies.
Mi sorpresa fue y sigue siendo grande al enterarme de que no todas las personas están conscientes de la biodiversidad que tenemos, ni siquiera las identifican, incluso en incontables ocasiones se acercan a mí con la fotografía de una serpiente, un ave o un insecto, preguntándome que animal es ese, con mucho gusto y orgullo comparto con ellos la información que yo pueda aportar, sin embargo, no deja de sorprenderme a sobre manera el poco o nulo interés que existe en la actualidad por parte de la sociedad, hacia las especies que nos rodean, que nos hacen un país y un planeta mega diverso.
Estamos aquí compartiendo un instante en el tiempo, somos nosotros como especie humana los que más tardamos en evolucionar, muchos de los animales que conocemos existen como especie desde hace miles, cientos, o millones de años. No perdamos de vista las maravillas que nos rodean y así como yo aprendí sobre la onza escuchando sus leyendas, te invito a involucrarte más y más en el fascinante mundo de “los animales del monte”.
Te espero en la próxima columna de “El tercer planeta desde el sol”.

Muchas felicidades Roy, me da mucha alegría en lo que te has formado, gran veterinario, apasionado en todos los dones que te caracterizan, sigue adelante por más, orgullo de amigo, un abrazo y muy buena la columna
ResponderBorrarMuchas felicidades, una columna muy personal y estaré al pendiente de ella, por que nunca se deja de aprender, gracias por compartir y que continúen tus éxitos.
ResponderBorrarFelicidades mi amigo. Gracias por compartir esa historia la cual logro convertirte en lo que hoy eres. Un abrazo y seguiremos al pendiente del tercer planeta desde el sol o desde Puerto Libertad tu casa.
ResponderBorrarExcelente. Aunque me ha tocado escuchar todas esas leyendas ya durante mi formación de biólogo me siguen intrigando, causando fascinación, curiosidad, y en algunos casos, en los que causan una visión negativa sobre la fauna/flora, tristeza.
ResponderBorrarMe encantó tu redacción. Saludos
Que increíble historia Roy! Un recuerdo invaluable lo que compartió con su tata y su papá. Sabe que siempre tiene mi respeto y mi admiración. Es usted un pilar importantísimo en Culiacán para tantas especies y para tantas personas que lo consultamos constantemente. Felicidades Roy!
ResponderBorrarGenial historia... Esas charlas con padres y abuelos son tesoros invaluables‼️
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